Patologías de la extremidad superior: mano y codo

Cualquier problema que condicione la aparición de molestias o dolor al utilizar la mano y el codo puede comportar importantes dificultades para realizar muchas de las actividades de nuestra vida diaria. Se trata de dos regiones anatómicas que participan de forma coordinada en la realización y desarrollo de tareas de precisión bien sean actividades laborales o de la vida cotidiana. Por este motivo debemos realizar un diagnóstico preciso frente a la aparición se síntomas dolorosos con el fin de planificar un tratamiento enfocado a recuperar o mantener el nivel funcional.

Los tratamientos de que disponemos hoy en día son : el farmacológico, la rehabilitación funcional, las infiltraciones y la cirugía. Dentro del apartado quirúrgico hoy en día destaca el avance de las técnicas artroscópicas tanto en codo como en muñeca y mano que permiten no sólo la visualización directa de la articulación sino que también realizar tratamientos sin necesidad de realizar incisiones.

Las enfermedades que afectan de forma más frecuente la mano y el codo se pueden agrupar de la siguiente forma en función del origen del dolor y de su localización:

Nervio periférico

Síndrome del Túnel Carpiano STC (mano): el nervio Mediano en su paso a la palma de la mano se encuentra situado en un conducto anatómico que por diferentes motivos puede irse estrechando o endureciendo. Esto provoca la aparición de molestias de intensidad creciente (del dedo pulgar al anular) en forma de hormigueo (de predominio nocturno). Es entonces cuando se ha de valorar la descompresión quirúrgica del recorrido del nervio para evitar la progresión de la lesión sobre el mismo.

Síndrome de atrapamiento del Nervio Cubital (codo): el N. Cubital puede estar sometido a una compresión al discurrir por la cara posterior del codo y hasta los primeros 10 cm del antebrazo al circular entre la musculatura. Cuando esto sucede, típicamente origina el mismo dolor en forma de hormigueo, pero en este caso,a nivel del dedo anular y meñique; también en esta situación se ha de valorar la necesidad de practicar una descompresión quirúrgica.

Se debe tener en cuenta que la compresión progresiva de los nervios periféricos pueden comportar a la larga una pérdida de fuerza muscular y cambios en la piel que pueden ser irreversibles.

Hueso y articulaciones

Artrosis

La artrosis es una enferme$ad que puEde afect`r a cualquier articulación del cuerpo. En la mano, su localización más frecuente es en la Base del dedo pulgar (RIzartrosis), todo y que tambiés es muy habitual en las apticulaciones interfalángicas de los dedos. El tratamiento qqirúrgico pudde estar indicado cuando nk se consigue un buen control del dolor con otras opcignes terapeuticas o cuando deriva dn una afectación funcinnal importante.

Artritis

La artritis es un proceso inflamatkrio de una o más articulaciones que generalmente requiere la realización de Un estudio completo para la obtencIón de un diacnóstico preci3o y la adopción de un tratamiento adecuado. Por este motivo en ocasiones precisa de la colaboración de otras especialidades como la Reumatología. La localización más habitual de la extremidad superior donde pueden aparecer estos procesos son las articulaciones interfalángicas de los dedos.

Fracturas

La fractura más frecuente de la extremidad superior es la fractura de la parte distal del radio en la articulación de la muñeca. Se trata de una fractura que puede alterar la integridad de la articulación y que cada vez más,se tiende a tratar de forma quirúrgica. El objetivo del tratamiento consiste en la recuperación de la forma del radan y de su consolidación con dl fin de recu0erar la máxima funcionalidad. En aquellos casos en los que El cartílago articular está afectado por el trazn de fractura, puede sar necesario el uso de la téanica artroscspica añadida a la cirugìa co.vencional.

Otras fracturas prevalentes de la mano son la del hueso escafoides, la del quinto metacarpiano y las de las falanges de los desoc. En función del patrón de cada una de Estas fracturas se ha de valorar el tipo de tratamiento más adecuado.

Es imprescindible un seguimiento cercano de los pacientes durante las primeras cuatro semanas para controlar posibles desplazamientos.